Soy el espíritu que vive en esta
envoltura física a la que vosotros llamáis José. De mis
cincuenta y ocho años de estancia en esta tierra, treinta y
siete me he oído llamar Maestro por aquellos a los que el Cristo
dijo que había que parecerse: los niños. Esa es mi profesión.
En ese tiempo, mi labor pedagógica
me ha llevado por las cuatro esquinas de España. Y en cada uno
de los lugares que han sido testigos de mis pasos, he ido
sembrando, entre
los conocimientos que este mundo considera necesarios, aquello que es
indispensable para el Alma. En todas partes he dejado un trozo
de mí mismo, y mi voz ha llevado la esencia del Profundo Creador
a todos aquellos infantes, ansiosos de enseñanza, que viendo en
mí el mentor amigo han sido mis mejores portavoces en sus
propios hogares.
Lo que he dicho no es mío, no me
pertenece: es patrimonio de todos. A mí me lo
dijeron en otro tiempo y lugar, y adquirí el deber de repetirlo
y extenderlo, recordando las antiguas palabras. Cuando la
semilla germina en buena tierra, uno sabe que es útil
su función y entonces se siente sal y levadura como el Maestro
de Maestros quiso.
Espero haber sabido hacer todo cuanto Él de mí esperaba.
Aunque vivo en esta época, soy
consciente de no pertenecer a ella; y, a pesar de que
las costumbres de este orbe me han adjudicado los padres,
hermanos carnales y familia que antes yo había elegido estando
proyectado lo que soy en una dimensión lejana, yo
sé muy bien quién es mi único y verdadero Padre y quiénes mis
hermanos. Reniego,
pues, de la carne, de la sangre y de todo lo que pretenda
sujetarme con los lazos del dominio posesivo.
Durante mi estancia en este mundo
que no reconozco como mío, a una labor le ha sucedido otra y, a
veces, varias, en un esfuerzo paralelo. En la segunda mitad de
mi actual vida terrestre, en la que el magisterio y la
literatura se han repartido mi tiempo
de trabajo, Nostradamus se introdujo de inquilino en mis sueños de
futuro...
Veinticinco años han pasado desde el
primer impulso que me hizo abrir un libro con cuartetas.
Entonces, la mente y el corazón marchaban desbocados, espoleados
por una curiosidad bastante desmedida. Hoy, ninguna cosa por
venir me inquieta, porque mente
y corazón están serenos. Los días y las noches incontables, de esfuerzos
sin descanso
ni medida, ya no son nada, porque ahora la obra realizada es lo
que cuenta, y nadie,
salvo yo y Los que todo saben, puede medir exactamente, cuánto
fue lo que costó de privación y sacrificio.
¡Qué duda cabe de que Michel de
Nostradame gozó, con su "inspiración divina", de la misma tutela
que a mí me ha acompañado durante tantos años!: La de Aquellos
que
Son y hacen vibrar su esencia de Amor en las galaxias. Con ese
Amor anduve por
tierras catalanas, siendo mediador de la llamada que escucharon muchos y
reconocieron pocos. También con Él regresé a mi tierra natal, la
bella Cantoria de
raíces musulmanas en tierras de Almería la costera, donde, como Él en
Galilea,
tampoco fui profeta, sino mofado y calumniado.

A veces, el dolor interior puede
llegar a ser insoportable, sin que nadie de este mundo
lo perciba; pero, lo que uno es, ese que soy, saca la fuerza
suficiente y sigue adelante
en el empeño. Y recuerda lo que está escrito: "Todos los hombres
son tus hermanos, y has de amar, comprender y perdonar, siendo
siempre un espejo reflectante de la
Verdad Divina". Diez años después, mi tarea allí estaba
terminada. Era el tiempo de partir de nuevo.
Mi ardor interno me empujaba a la
nueva etapa contemplada en mi programa, y como antaño hiciera un
noble y entrañable personaje, fui hacia el Norte, hacia la
lluvia, la niebla y el frío, residentes habituales en una alta
zona de la comarca pasiega de Cantabria. La pequeña e inhóspita
Calseca, a tres kilómetros de San Roque de
Riomiera: dos años de trabajo y aislamiento, de los que recuerdo
la amistad de dos familias excepcionales: La de José Pérez
Setién y Milagros, y Angel y Chari, y otros seres, generosos y
buenos, cuyos nombres han quedado grabados para siempre en la
memoria de mi gratitud.
Tres meses más tarde, de nuevo
viajero con mi libro bajo el brazo. Esta vez, Extremadura. Dos
años en uno de sus pueblos, La Garrovilla, próximo a la Mérida
romana. Intenso trabajo entre seres amistosos. Me trae el grato
recuerdo de José Pavón y su esposa Pepita, y de una etapa
tranquila donde se fue puliendo el ser interno que
me conforma.
El regreso a las tierras almerienses
de Pulpí, donde he encontrado a mi buen amigo Rafael, el doctor
García del Valle, marca la etapa que cierra nuestro periplo, el
mío y
el de mi numerosa familia terrena, por los cuatro puntos
cardinales hispanos. Viaje interminable en el que, junto a mi
labor de magisterio, se han ido descifrando cuarteta tras
cuarteta, profecía tras profecía, del pasado, del presente, del
futuro...
En ese largo laborar en los
enigmáticos escritos del vidente de Salon, siempre he
contado con la ayuda de Aquellos que Son. Pronósticos y cartas.
Lo auténtico y lo falso. Ya nada esconde su misterio, y el
secreto queda desvelado.
Investigar y descubrir: aventura
inigualable. Conociendo los entresijos de la Historia,
desvelando sus secretos, convirtiéndome en expectante observador
de unos hechos repetitivos en los que el hombre ha demostrado
siempre ser un ciego impenitente,
incapaz de aprender en sus errores.
La obra del profeta galo siéntola
tan mía, que tal vez, transfundiendo en mí parte de su esencia,
me ha hecho amar a Francia y a sus hijos.
Sé que al final de mi carrera, será
pleno el sentido de aquello que oí una noche inolvidable, en que
una voz del Cielo me decía: "¡Es Rama!" Así comenzó mi despertar
y, por mi obra, el de Michel de Nostradamus, de su sueño
secular, cuando el mundo
llega a su final. |